EL MARTINETE
Y LA FRAGUA

EL LOCAL

Este tablao enigmático de estilo industrial -que nos sitúa en el corazón de un taller donde se fraguan los metales- es una idea originaria del creador Salvador Barrul y la bailaora Mónika Rojas. Un ambicioso proyecto con vocación de búsqueda al que también se unen el gran guitarrista Pino Losada, las bailaoras Sabrina Fernández y Alejandra Hernández y el reconocido bailaor José Maya.

Hace ya años, mientras escribía un ensayo destinado a ser incorporado a la “Integral” de Camarón, recordé que, según la tradición islámica, el martinete es un pájaro dado por el Señor a Adán cuando lo expulsó del Paraíso para que le hiciese compañía, a modo de ángel guardián y de recordatorio de su origen celestial, así como que martinete es también el nombre de uno de los más antiguos y esenciales estilos de cante gitano. Y ahora, como si el ave me hubiese leído, voy a encontrármelo -al martinete, sí- posado sobre un yunque en el escudo de armas diseñado por Santiago Yáñez para el nuevo tablao abierto en Madrid: La Fragua.

Esta sala, cuya puesta en marcha tanta expectativa ha despertado, es una iniciativa en la que han unido ilusiones y esfuerzos el gran bailaor José Maya, el guitarrista Pino Losada, el cantaor Salvador Barrul y las bailaoras Alejandra Hernández, Sabrina Fernández y Mónika Rojas.

A la entrada, nada más descender una escalera que inspiraría infinidad de situaciones a David Lynch, nos recibe un conjunto escultórico de Javier López del Espino. Y, ya en la boca del dragón, un espacio tan sugerente como inquietante -en el que la atmósfera de “Los Canasteros” de Manolo “Caracol” o “El Duende” de “Gitanillo de Triana” se hubiera fusionado con la de la “Granja del Henar” o el “Café Varela” donde hacían tertulia Valle Inclán o los Machado– actúa como irresistible imán para que el aroma a dama de noche envuelva al fuego del duende mientras, en el exterior, una Luna engalanada con polisones de nardo brilla con inusual intensidad.

Las puertas de La Fragua se abren en la calle Corredera Baja de San Pablo, muy cerca del “Teatro Lara” donde por primera vez fue subido a los escenarios “El Amor Brujo” de Falla, en zona donde en 1812 los madrileños batallaron duramente contra los mamelucos de Napoleón y en el solar del antiguo “Teatro Cervantes”, sobre cuyas tablas vivieron sonados triunfos Ricardo Calvo y las obras de Muñoz Seca. Destruido en 1936 por las bombas, ocupó su lugar hasta 1984 uno de aquellos cines de sesión continua de nuestra infancia. Así que ahora las estrellas del flamenco -escogidas con selecto criterio- sustituirán a los héroes del Far West, la ciencia-ficción, el terror o las Cruzadas.

Ya se sabe que el inicio de andadura de La Fragua será sonado, pues se contará para su inauguración con cinco bailaores verdaderamente de excepción, y en los ambientes artísticos y de aficionados de la capital el runrún va de boca en boca.

¡Pasen y vean, señoras y señores, y no se priven de acceder a la contemplación y disfrute de un mundo de maravillas!

Joaquín Albaicín